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La dificultad para llevar a cabo las actividades de la vida diaria está directamente relacionada con el grado de afectación de algunos de los déficits que podemos observar en personas en situación de dependencia:  

A nivel cognitivo: Alteraciones en memoria, procesos atencionales, orientación de tiempo, espacio y persona, capacidad de aprendizaje, secuenciación de acciones, planificación y organización de tareas, capacidad de iniciar y finalizar una tarea…

A nivel psicopatológico: Labilidad emocional, apatía, impulsividad, rigidez mental…

A nivel motor podemos observar: Aumento o disminución del tono muscular, pérdida de amplitud de movimientos, disminución de la fuerza, temblor, alteraciones de la sensibilidad…

La persona debe ser estimulada para realizar las AVD de la forma más independiente posible. Por ello alentar a la persona en situación de dependencia a realizar la actividad por sí mismo debe ser prioritario. 

Continuar realizando actividades en la medida que sea posible, contribuye a la orientación, establecimiento de rutinas, disminución de conductas disruptivas, fomentar el sentimiento de utilidad y conservar la identidad personal.

Actividades básicas de la vida diaria (ABVD)

Son universales, están ligadas a la supervivencia y condición humana, a las necesidades básicas de cada individuo, se realizan cotidianamente y de forma automática. Dentro de las ABVD se incluyen: Alimentación, aseo, baño,  Control de esfínteres, vestido, movilidad personal, sueño y descanso

Las estrategias que nos pueden ayudar a mantener la autonomía, siempre dependiendo de las diferentes afectaciones a nivel cognitivo, psicopatológico y/o motor que podamos encontrar:

Simplificar y secuenciar las tareas: Facilitan la realización de la actividad y proporcionan mayor confort y comodidad al afectado y a los cuidadores.

Mantenimiento de un posicionamiento adecuado: Mejora la funcionalidad de los brazos y compensa la falta de fuerza de movimientos en contra de la gravedad.

Dispositivos de apoyo: Conjunto de recursos de ayuda que facilitan la realización de la actividad, disminuyendo la carga y los requerimientos físicos para realizarla. 

Modificación del entorno: adaptando los diferentes espacios en función de las necesidades y el grado de deterioro. 

Colaboración de la persona: Si la persona en situación de dependencia no es capaz de realizar la tarea de forma autónoma, siempre que sea posible, debemos facilitar el acceso a las tareas que sí es capaz de hacer, aunque tarde más tiempo del habitual. Para ello, podemos ofrecerle apoyo verbal o pequeñas instrucciones

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